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jueves, 10 de junio de 2010

Internet está modificando nuestro cerebro

Acabo de leer un artículo en la revista Wired acerca de un ensayo publicado por el escritor Nicholas Carr llamado The Shallows (se podría traducir por "Los superficiales") que lleva como subtítulo: cómo internet está modificando nuestros cerebros.

En este libro, Carr expone mediante resultados de estudios realizados con voluntarios como la generación de internet, la de personas habituadas a abrir páginas y páginas y clocar sobre numerosos enlaces y enlaces está sufriendo una adaptación de sus circuitos neuronales, que se adaptan plásticamente a la nueva forma de consumir información.

Anteriormente lo más habitual era leer libros o revistas de forma selectiva y secuencial: trataban de un tema y los artículos tenían una consistencia y una lectura lineal. Era por tanto menos probable que se produjera una distracción que afectara a nuestra capacidad de concentrarnos en leer dicho contenido y asimilarlo mejor, es decir, que tuviese más probabilidades de quedar correctamente fijado en nuestra memoria a largo plazo.

En la actualidad, con la omnipresencia de la web, los libros electrónicos y en general la información digital; ha cambiado sustancialmente la forma de acceder y leer dicha información: ahora nos enfrentamos no a una serie de páginas con un texto que sigue un hilo argumental si no con un bosque de enlaces, animaciones, vídeos, comentarios… en definitiva toda una tormenta de interrupciones que hace que nuestra mente deje la costumbre de concentrarse en un "punto" y pase a un modo de "distracción", atendiendo mejor a estas últimas y perdiendo el foco en lo que realmente deberíamos estar aprendiendo.

En los estudios realizados y que menciona Carr en su libro, se compara la actividad cerebral de cinco individuos habituados a "surfear la red" versus a cinco neófitos, ambos grupos mientras están buscando información en la web. Lógicamente la agilidad con la que el primer grupo hacía clic en los enlaces era superior al segundo grupo. No solo esto si no que el patrón de actividad cerebral del primer grupo era muy similar entre sí pero totalmente distinto al del segundo grupo.

Lo más sorprendente es que bastaron cinco horas de navegación para que los patrones de actividad cerebral de este segundo grupo se alinearan con el del primero. Es decir, el cerebro del no habituado a navegar por la web se transformó y aprendió a distraerse con los enlaces y a centrar su atención en múltiples puntos, perdiendo la concentración en uno solo. En este punto no es difícil pero tampoco disparatado empezar a correlacionar la procrastinación con nuestro nuevo estilo de vida digital: somos incapaces de centrarnos en una tarea y terminarla a cambio de tener un conocimiento superficial de muchos temas diversos y dispersos. Como se sugiere en el mismo libro The Shallows, internet está re-educando nuestro cerebro para que preste más atención a la basura…

viernes, 21 de mayo de 2010

Desarrollan la primera forma de vida sintética

¿Es este momento un antes y un después en el campo de la biología? Por lo menos, Craig Venter así lo considera. El científico británico estadounidense ha conseguido uno de los objetivos más ambiciosos de la ciencia: el desarrollo de la primera forma de vida sintética. Suena a ciencia ficción, a herejía, pero es cierto: Venter -junto con 20 científicos, 10 años de años de trabajo, y más de 40 millones de dólares, ha desarrollado un ser vivo nuevo para el inventario de nuestro mundo.

Este nuevo organismo está basado en una bacteria que causa la mastitis en cabras, sin embargo, su núcleo está compuesto enteramente de un genoma sintético manufacturado en el laboratorio. Así mismo, Venter le ha añadido “marcas de agua” en el ADN del organismo: una especie de marcadores que sirvan para identificar a la descendencia de este ser.

Venter considera que éste es un hito para el campo de la biología, la genética, y la bioingeniería. Para él, la creación de este organismo sintético es sólo el primer paso para el desarrollo de formas de vida diseñadas por el ser humano, creadas para un objetivo y un fin. Bacterias devoradoras de petróleo, productores de proteínas, e incluso, para la fabricación de vacunas.

Como siempre, está el lado oscuro, pues no son pocos los que alertan sobre el peligro de creación de agentes patógenos para la guerra biológica. Numerosas asociaciones, desde organizaciones civiles hasta grupos religiosos, acusan a Venter de jugar a ser Dios, y advierten sobre el peligro de que alguno de estos nuevos organismo escape del laboratorio y pueda crear un armagedón ambiental.

Para complementar, una charla de Craig Venter en 2008 sobre las posibilidades de crear vida sintética: